LLEGASTE

Llegaste con tus pies desnudos, tu alma torcida, tus bolsillos vacíos.

Llegaste sin anunciarte, con la ternura envuelta en tu camisa y un poema entre tus pestañas .

Llegaste como un ave sigilosa sin destino, buscando algún lugar donde guarecerte.

Llegaste para enseñarme que el tiempo se consume cada día en el viejo reloj de mi mesilla y que en mi pecho ya no se escucha el tic tac de antaño.

Llegaste como el viento, jugando y enredándote con mi cabello, sin saber que era mi corazón al que envolvías con cada ráfaga.

Llegaste para enredarte entre mis versos, pobres palabras que han aprendido suspirar sin apenas aire , que saben que la primavera pronto se marchará y que aunque regrese ya nunca volverá a ser la misma.

Llegaste tú….

EL OTRO HABITANTE

Habitas en lo más profundo de mi ser ,en  ese lugar  inhóspito y lleno de fantasías donde dicen que el alma alguna vez soñó y por un instante experimentó algo llamado felicidad. Ser extraño, que ahora te escapas de entre mis dedos y ansío como las palabras a su verso.

Habitas justo ahí, debajo de  mi barbilla, entre la calma dormida y el bullicio de mi pecho, donde pocos se atreven a llegar, donde los suspiros se escapan traviesos al amanecer.

Habitas  justo ahí, donde mis palabras  acarician febriles hojas vacías esperando ser llenadas .

Por un instante vagas libre sin entender formas ni fronteras, intentando describir lo indescriptible, intentando entender ese sentimiento que nació solitario al otro lado de la orilla, sin más esperanzas que la duda de un silencio y un te quiero perdido entre las sombras .

SABOR A CENIZAS

Los versos moribundos huyen despavoridos de mi piel, ya no quieren habitar esta alma atormentada que el viento hiló de la nada.

Se niegan a permanecer en mi pecho, callados, ausentes, ocultos……

Buscan desesperadamente ese estremecimiento que los hagas enmudecer, ese ruido que dicen que aturde los sentidos y roba la razón.

Ingenuos recorren mis ojos, mis labios, creyendo encontrarle, sin saber  que  noches llenas de ausencia inundan mi lecho y que un embriagador sabor a cenizas quema mi garganta.

Mis lágrimas caen como las hojas del otoño que mueren grises y aterciopeladas sobre un manto sin calor.

Suspiran, añorando, maldiciendo su pobre destino….

Destino que alguien escribió con los ojos cerrados y esculpió sobre la tierra sin saber que un corazón lleno de luz habitaba en ella.

TENEBROSA PASIÓN

Cierro mis ojos pero extrañamente aún soy capaz de apreciar la luz, ondas destelleantes que permanece altivas en el horizonte. Juego al escondite con ellas, mientras éstas me observan curiosas, intentan averiguar en vano qué se esconde tras mis pensamientos, pero permanezco indescifrable y me transformo en ese misterio que te perturba y no ves.

Mis labios sonrosados se arquean ligeramente buscando besar al aire invisible y austero, ente solitario que camina por las calles vacías apoderándose de las pocas almas que aún vagan por la ciudad. Se escabulle como  un rebelde, rechaza mis carnosos labios, que intentan susurrarle a escondidas tu nombre, palabras que desordenan mi calma y vuelven a este corazón anciano en un ser joven y febril.

Te dibujo en mi mente y tiño mis suspiros de extraños colores que destierran al oscuro gris de mis días, sigo pensándote y jugando con las sombras de la tarde que me recuerdan inevitablemente al torbellino de tus ojos, tenebrosa pasión que espera sigilosa y paciente quebrar los últimos resquicios de mi cuerpo.

ENTRE MIS PENSAMIENTOS SIGILOSOS

Mis pies sigilosos se balancean  por las calles vacías una vez más, mientras mis ojos se convierten de forma  inconsciente  en mis poetas, escritores que tratan de apresar la belleza allí donde van.

Voy sintiendo al aire revolverse,  calmarse y agitarse de nuevo,  me acaricia, me mira curioso y como un niño travieso se posa en cada una de mis imperfecciones .

Sigo andando y mis pensamientos se enredan, tejen mariposas que vuelan hasta mi pecho haciéndome sentir una inquietante zozobra, huracán encerrado entre paredes de sangre y piel, esperando fugarse con  la esperanza de hacer vibrar al silencio de tus labios,  esos pequeños seres terrenales que olvidaron mi nombre y me torturan con su ausencia.

Continúo el camino con la mirada pérdida, ensimismada en mi mundo, observando las delicadas sombras que se desdibujan en la calzada e invaden cada tramo como seres extraños que también desean vivir.

Me detengo, busco guarecerme del intenso sol, fogosidad asfixiante que se ha adueñado de mi cuerpo a pesar de mis protestas. Aspiro el aroma de la mañana como si se tratara de la última gota de aire en la tierra, en ese instante me percato de que alguien  me observa con gran curiosidad, me regala una sonrisa y por un instante me imagino que eres tú, pero vuelvo a la realidad, donde son mis dedos los que sueñan, los que tiñen el papel creando nuevas palabras incapaces de rozarte.

 

 

 

EL DIARIO

Deslizó sus dedos lentamente por el papel nacarado, lo acarició con vehemencia y lo observó despacio,  como si entre sus manos tuviera un objeto de enorme valor.

Nunca  le habían gustado los diarios virtuales , siempre había preferido sentir el olor del papel,  observar cómo la tinta se deslizaba suavemente, creando líneas, símbolos llenos de emociones vibrantes.

Pero por una vez se había quedado en blanco, quería contarle aquel diario todo el dolor que llevaba dentro, todos sus miedos, hablarle del laberinto en el que se había convertido su vida, pero se sintió incapaz de escribir una sola palabra, ni siquiera sabía por dónde empezar, que palabras hallarían la libertad de su pecho oprimido.

Nuevamente acarició el papel, aunque esta vez nerviosamente,  de repente le asoló una duda y si alguien llegaba a leerlo, y si alguien descubría aquel diario que revelaba sus pensamientos más atormentados. Cerró el libro bruscamente, mientras aquel temor infundado por ella misma recorría su espalda. Había ido a la librería con entusiasmo sin embargo este se había diluido torpemente a medida que las nebulosas de su mente iban atrapándola.

Siempre le habían gustado los diarios, había escrito algunos en su adolescencia, sonrió ligeramente al recordarlo, qué difícil parecía todo y que sencillo era a la vez.

Dejó por un instante que sus pensamientos se diluyeran y aspiró la suave brisa mezclada con el silencio de los arboles, permaneció un buen rato sentada en aquel banco del parque, observando a la gente pasar y a su pequeña adquisición llena de hojas vacías, paginas esperando pacientemente a que alguien les diera la vida, no importaba si con sus alegrías o sus penas.

Sus ojos se detuvieron nuevamente en la portada , la foto imitaba una postal antigua, recordó como le encantaban las cosas viejas, no sabía muy bien la razón, pero siempre le habían llamado la atención, abrió nuevamente el libro y agarró el bolígrafo que llevaba siempre en su bolso. Con decisión, casi sin pensar comenzó a deslizar la tinta, comenzó primero con trazos irregulares pero vigorosos,  hasta que aquella  silueta, gris y sin sentido, casi borrosa, fue tomando forma. Una tímida sonrisa se dibujó satisfecha en su rostro, cerro el diario aún con cierta incertidumbre en su mente. ¿Lo llenaría  palabras o simplemente de pequeñas siluetas que la hicieran volar?.

RIOS DE AIRE VERSIONADO

AUTORES: Emafis y Javi

Una suave brisa soplaba veloz y agitaba sus largos cabellos, esa oscura melena que caía por su espalda y bailaba al son que marca el aire cálido que danzaba libre y acariciaba su cuerpo desnudo, bronceado por los ardientes rayos de un sol que inflamaba la arena de la playa y apaciguaba las aguas de un mar que se embravecía al caer la noche, pero que entonces parecía reposar mansamente, como invitándola a adentrarse en él, a bañar su piel tostada como había hecho en tantas otras ocasiones, dejándose llevar por el relajante fragor de las olas, por ese sensual susurro que la envolvía como un fino cosquilleo. Ella caminaba a paso lento por la orilla, dejando que sus pies se hundieran en la tierra mojada cada vez que las agonizantes olas morían al tocar tierra, olvidando como efímero recuerdo un reguero de espuma que rápidamente se perdía en las profundidades, prontamente reemplazada por una nueva oleada que habría de seguir el mismo destino. Ensimismada, ella seguía avanzando sin prisas, sintiendo en las plantas el reconfortante masaje, escuchando el viento que, raudo, la acompañaba en su interminable trayecto. Observaba el horizonte con esos ojos acaramelados que tantas veces habían mirado llenos de vida, brillando con fulgor parejo al del gran astro, endulzando con la miel de sus pupilas las afortunadas almas  que en ellas se veían reflejadas, a la par que les obsequiaba con una alegre sonrisa de sus grandes y preciosos labios encarnados. Ahora, en cambio, parecía haberse apagado el fuego de su mirada; sus ojos miraban sin ver, abstraídos, hundida su mente en aquellos pensamientos, como sus pies se hundían en la arena. Algunos mechones le cruzaban traviesos por la cara y durante unos segundos le nublaban la vista, pero a ella no le importaba, Presa de la nostalgia, de un punzante dolor que, puntual, había llamado a su puerta, ignoraba los cabellos que se alborotaban con la alegría que había huido de su frágil corazón; de ese corazón hermoso que, lastimado, latía trabajosamente en su pecho.

Finalmente se detuvo; se sentó en la orilla y flexionó las piernas mientras cogía dos mechones de su extensa melena y empezaba a juguetear con ellos, enrollando sus dedos y mesándose el cabello. Tenía las pupilas clavadas en la delgada línea de mar que se dibujaba en el infinito; las aguas rugían perezosas frente a ella y se alzaban en vagos bostezos que pronto volvían a sumergirse; hambrientas gaviotas planeaban amenazantes y se zambullían para huir al instante con su presa. Todas esas imágenes llegaba a su mente para mostrarle lo efímero del sentimiento, para ahondar el vacío que sentía por dentro. Ahí, con su cuerpo sobre la arena mojada, vio caer la tarde; el firmamento se tiñó de color escarlata y se desangró antes de quedar cubierto por un tupido manto, mientras el mar se encrespaba y se enfriaba el viento. La fina línea del horizonte se borró, confundida por la oscuridad, que hermanaba el ancho océano y el majestuoso cielo. Pero ella, meditabunda, seguía buscando una respuesta, seguía escrutando el universo. Extraviada en aquella penumbra opaca y silente, con el ufano mar como único testigo, empezó a recitar aquellas letras que le dictaba la vasta sábana salina, a cantar aquel poema que le llovía al alma:

“Ríos de aire que se arremolinan entre mis esquinas vacías, que juegan con mis mejillas ausentes, que  atraviesan mi piel dolorida y juegan con mis oscuros cabellos.

Ríos de aire que buscan desesperadamente un refugio sin techo , que me elevan sin nunca tocar el cielo.

Ríos de aire que seducen al sol, caricias fugaces que se rozan con la sutileza de un beso al nacer,  perfume de dos almas extrañas que se encuentran y se tocan.

Ríos de aire que se adueñan de los edificios de la ciudad, al igual que el leve murmullo de una flor al caer.

Ríos  de aire que buscan adueñarse del suelo frío y gris, que estremecen mis pasos, huellas que ya no quieren caminar sin ti.

Ríos de aire  que  buscan desesperadamente la melodía aterciopelada de una voz, elixir de vida roto por el manantial  estrepitoso y atormentado de un alma caprichosa .

Ríos de aire sin rumbo, que buscan chocar con la invisible lejanía y crear tormentas de la nada, temblor  que envuelve los días y seduce a nuestros  cuerpos adormecidos “.