RIOS DE AIRE VERSIONADO

AUTORES: Emafis y Javi

Una suave brisa soplaba veloz y agitaba sus largos cabellos, esa oscura melena que caía por su espalda y bailaba al son que marca el aire cálido que danzaba libre y acariciaba su cuerpo desnudo, bronceado por los ardientes rayos de un sol que inflamaba la arena de la playa y apaciguaba las aguas de un mar que se embravecía al caer la noche, pero que entonces parecía reposar mansamente, como invitándola a adentrarse en él, a bañar su piel tostada como había hecho en tantas otras ocasiones, dejándose llevar por el relajante fragor de las olas, por ese sensual susurro que la envolvía como un fino cosquilleo. Ella caminaba a paso lento por la orilla, dejando que sus pies se hundieran en la tierra mojada cada vez que las agonizantes olas morían al tocar tierra, olvidando como efímero recuerdo un reguero de espuma que rápidamente se perdía en las profundidades, prontamente reemplazada por una nueva oleada que habría de seguir el mismo destino. Ensimismada, ella seguía avanzando sin prisas, sintiendo en las plantas el reconfortante masaje, escuchando el viento que, raudo, la acompañaba en su interminable trayecto. Observaba el horizonte con esos ojos acaramelados que tantas veces habían mirado llenos de vida, brillando con fulgor parejo al del gran astro, endulzando con la miel de sus pupilas las afortunadas almas  que en ellas se veían reflejadas, a la par que les obsequiaba con una alegre sonrisa de sus grandes y preciosos labios encarnados. Ahora, en cambio, parecía haberse apagado el fuego de su mirada; sus ojos miraban sin ver, abstraídos, hundida su mente en aquellos pensamientos, como sus pies se hundían en la arena. Algunos mechones le cruzaban traviesos por la cara y durante unos segundos le nublaban la vista, pero a ella no le importaba, Presa de la nostalgia, de un punzante dolor que, puntual, había llamado a su puerta, ignoraba los cabellos que se alborotaban con la alegría que había huido de su frágil corazón; de ese corazón hermoso que, lastimado, latía trabajosamente en su pecho.

Finalmente se detuvo; se sentó en la orilla y flexionó las piernas mientras cogía dos mechones de su extensa melena y empezaba a juguetear con ellos, enrollando sus dedos y mesándose el cabello. Tenía las pupilas clavadas en la delgada línea de mar que se dibujaba en el infinito; las aguas rugían perezosas frente a ella y se alzaban en vagos bostezos que pronto volvían a sumergirse; hambrientas gaviotas planeaban amenazantes y se zambullían para huir al instante con su presa. Todas esas imágenes llegaba a su mente para mostrarle lo efímero del sentimiento, para ahondar el vacío que sentía por dentro. Ahí, con su cuerpo sobre la arena mojada, vio caer la tarde; el firmamento se tiñó de color escarlata y se desangró antes de quedar cubierto por un tupido manto, mientras el mar se encrespaba y se enfriaba el viento. La fina línea del horizonte se borró, confundida por la oscuridad, que hermanaba el ancho océano y el majestuoso cielo. Pero ella, meditabunda, seguía buscando una respuesta, seguía escrutando el universo. Extraviada en aquella penumbra opaca y silente, con el ufano mar como único testigo, empezó a recitar aquellas letras que le dictaba la vasta sábana salina, a cantar aquel poema que le llovía al alma:

“Ríos de aire que se arremolinan entre mis esquinas vacías, que juegan con mis mejillas ausentes, que  atraviesan mi piel dolorida y juegan con mis oscuros cabellos.

Ríos de aire que buscan desesperadamente un refugio sin techo , que me elevan sin nunca tocar el cielo.

Ríos de aire que seducen al sol, caricias fugaces que se rozan con la sutileza de un beso al nacer,  perfume de dos almas extrañas que se encuentran y se tocan.

Ríos de aire que se adueñan de los edificios de la ciudad, al igual que el leve murmullo de una flor al caer.

Ríos  de aire que buscan adueñarse del suelo frío y gris, que estremecen mis pasos, huellas que ya no quieren caminar sin ti.

Ríos de aire  que  buscan desesperadamente la melodía aterciopelada de una voz, elixir de vida roto por el manantial  estrepitoso y atormentado de un alma caprichosa .

Ríos de aire sin rumbo, que buscan chocar con la invisible lejanía y crear tormentas de la nada, temblor  que envuelve los días y seduce a nuestros  cuerpos adormecidos “.

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Autor:

Comencé a escribir con diecisiete años, recuerdo que mi hermana me animo, porque yo tenía miles de ideas pero no me atrevía a plasmarlas pero un día lo hice y desde entonces he seguido escribiendo aunque no siempre. Cada poema guarda una historia, a veces un fragmento de mi, otras veces alguien que me inspiro.Me encanta expresarme por medio de los poemas y llegar hasta otras personas. Espero seguir escribiendo durante mucho tiempo y describir los sentimientos a través de mi ventana.

3 comentarios sobre “RIOS DE AIRE VERSIONADO

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