CUMPLIMOS DOS AÑOS

Mi pequeño rincón cumple dos años, dos años que he llenado de escritos y poemas, dos años en los que he ido creciendo, buscando otras formas de escribir, dos años que han llenado sin pretenderlo mi vida.

Muchas veces me preguntan si lo que escribo es autobiográfico, casi con curiosidad morbosa, así que hoy me ha parecido la ocasión perfecta para contestar  a todas esas personas que  quieren saber que me inspira, si me han hecho daño en el amor o si estoy enamorada. Mi respuesta  es siempre la misma, simplemente es mi imaginación, otras veces mis experiencias,  y a veces se entremezclan realidad y fantasía, lo que está claro es que siempre soy yo, mi esencia siempre está ahí, en cada una de mis  versos aunque a veces solo sean producto de mi mente.

Para conmemorar estos dos años, os dejo uno de mis poemas favoritos, es de Pablo Neruda y lo leí por primera vez con 14 años, me enamoré de cada uno de sus versos. Me parecía imposible que tanta belleza pudiera caber en unas pocas líneas. Desde aquel momento comencé a leer a su autor y aún hoy en día me siguen fascinando sus poemas, tan sencillos y cotidianos y a la vez tan llenos de emociones y de vida.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Gracias a todos los que me leéis, dejáis comentarios y me animáis a seguir escribiendo, sin vosotros, este blog no sería posible.

 

TEMOR AMAR

Las lagrimas brotaron envueltas en el viento y como una tormenta cubrieron sus rostros, tallando heridas. Surcos suaves y nacarados que apagan irremediablemente las ultimas luces de una historia que se niega a yacer con los últimas luces de un día sin su cielo.

Relato de vida que nadie escribió en ninguna parte, pero que latió tan fuerte que  estremeció hasta las últimas gotas de un invierno ausente.

Dolor  apresado entre la garganta y el pecho, entre la lengua y el llanto, buscando un  azul extraño, el mismo que un día les cubrió entre risas entrecortadas y miradas complacientes,  el mismo que ahora les observa con quejidos amargos y añoranza, el mismo que teje un nuevo día ignorando si la fuente volverá a brotar igual que antaño.

Y mientras el grito se transforma en alarido e hila un nuevo gemido, el alma sigue ahí, de pie, lamentando las palabras que se quedaron aprisionadas en su cárcel, esas que nunca se dijeron, esas que callaron por temor amar, esas que sin saberlo se convirtieron en poema, en verso, en relato y en nostalgia.

APRENDÍ DE TI

Aprendí a escribir con los ojos, con el alma y a veces hasta  con los pies.

Aprendí a escribir sin versos, sólo con las habitaciones de mi mente, recovecos vacíos que buscan desesperadamente la luz de un nuevo día. Luminiscencia extraña y seductora que se cuela en cada esquina de mi ser .

Aprendí a escribir aunque a veces las palabras no alcancen  y el sentimiento viva más allá de raciocinio humano.

Aprendí a escribir, a ocultarme tras palabras sin rima y a yacer sobre un lecho de frases sin sentido.

Aprendí a escribir por ti, que le das vida a mis dedos sin previo aviso, que me susurras al oído mientras los demás se han vuelto sordos.

Aprendí a escribir y ahora sólo sé contar historias, renglones de vida, desesperados, llenos de todo y de nada, que desangran como espinas y sellan mis labios con la suavidad soñada de un pétalo al nacer.

LLEGASTE

Llegaste con tus pies desnudos, tu alma torcida, tus bolsillos vacíos.

Llegaste sin anunciarte, con la ternura envuelta en tu camisa y un poema entre tus pestañas .

Llegaste como un ave sigilosa sin destino, buscando algún lugar donde guarecerte.

Llegaste para enseñarme que el tiempo se consume cada día en el viejo reloj de mi mesilla y que en mi pecho ya no se escucha el tic tac de antaño.

Llegaste como el viento, jugando y enredándote con mi cabello, sin saber que era mi corazón al que envolvías con cada ráfaga.

Llegaste para enredarte entre mis versos, pobres palabras que han aprendido suspirar sin apenas aire , que saben que la primavera pronto se marchará y que aunque regrese ya nunca volverá a ser la misma.

Llegaste tú….

EL OTRO HABITANTE

Habitas en lo más profundo de mi ser ,en  ese lugar  inhóspito y lleno de fantasías donde dicen que el alma alguna vez soñó y por un instante experimentó algo llamado felicidad. Ser extraño, que ahora se escapa de nuestros dedos y ansiamos como las palabras a su verso.

Habitas justo ahí, debajo de  mi barbilla, entre la calma dormida y el bullicio de mi pecho, donde pocos se atreven a llegar, donde los suspiros se escapan traviesos al amanecer.

Habitas  justo ahí, donde mis palabras  acarician febriles hojas vacías esperando ser llenadas .

Por un instante vagas libre sin entender formas ni fronteras, intentando describir lo indescriptible, intentando entender ese sentimiento que nació solitario al otro lado de la orilla, sin más esperanzas que la duda de un silencio y un te quiero perdido entre las sombras .

SABOR A CENIZAS

Los versos moribundos huyen despavoridos de mi piel, ya no quieren habitar esta alma atormentada que el viento hiló de la nada.

Se niegan a permanecer en mi pecho, callados, ausentes, ocultos……

Buscan desesperadamente ese estremecimiento que los hagas enmudecer, ese ruido que dicen que aturde los sentidos y roba la razón.

Ingenuos recorren mis ojos, mis labios, creyendo encontrarle, sin saber  que  noches llenas de ausencia inundan mi lecho y que un embriagador sabor a cenizas quema mi garganta.

Mis lágrimas caen como las hojas del otoño que mueren grises y aterciopeladas sobre un manto sin calor.

Suspiran, añorando, maldiciendo su pobre destino….

Destino que alguien escribió con los ojos cerrados y esculpió sobre la tierra sin saber que un corazón lleno de luz habitaba en ella.

TENEBROSA PASIÓN

Cierro mis ojos pero extrañamente aún soy capaz de apreciar la luz, ondas destelleantes que permanece altivas en el horizonte. Juego al escondite con ellas, mientras éstas me observan curiosas, intentan averiguar en vano qué se esconde tras mis pensamientos, pero permanezco indescifrable y me transformo en ese misterio que te perturba y no ves.

Mis labios sonrosados se arquean ligeramente buscando besar al aire invisible y austero, ente solitario que camina por las calles vacías apoderándose de las pocas almas que aún vagan por la ciudad. Se escabulle como  un rebelde, rechaza mis carnosos labios, que intentan susurrarle a escondidas tu nombre, palabras que desordenan mi calma y vuelven a este corazón anciano en un ser joven y febril.

Te dibujo en mi mente y tiño mis suspiros de extraños colores que destierran al oscuro gris de mis días, sigo pensándote y jugando con las sombras de la tarde que me recuerdan inevitablemente al torbellino de tus ojos, tenebrosa pasión que espera sigilosa y paciente quebrar los últimos resquicios de mi cuerpo.