UN LIGERO TOC, TOC…….

Al final del pasillo se escucha un sonido, un ligero “toc, toc”, me pregunto que será.

Quizás sea una puerta que se abre, o quizás sea el sonido de mi corazón malherido que ya no sabe latir, que ha aprendido a conformarse, quizás sea el viento que se ha empeñado entrar en mi casa y juguetear con mi cabello que aún permanece salvaje e inocente como el primer día.

El toc, toc suena cada vez más fuerte, resuena en mis oídos, intenta acercarse a mí con ligereza, pero la duda y el miedo me hace permanecer inmóvil, mis pies se han paralizado y buscan una explicación racional al pequeño ruido que poco a poco se transforma en una suave melodía.

Las horas consumen al pequeño reloj de la mesilla y la melodía espera una respuesta.

Mi curiosidad palpita desbocada en mi pecho y mi mirada intenta apresar lo intangible, ante mi fracaso retrocedo no me atrevo a ir más allá, pero la música sigue sonando, quiere fundirse  conmigo.

Sin pensarlo  mis pies sucumban a su ritual, me pregunto qué debo hacer y mientras la duda se teje en mi mente cruzo  el pasillo casi sin pensar, en busca del “toc, toc” que desvela mi sueño, pero la melodía se detiene, dejando un vacío extraño y cruel.

Entre sollozos me pregunto si volverá , pues ahora que mi corazón la ha escuchado se ha quedado atrapado y  sólo quiere bailar cuando  sus acordes atraviesen la mañana.

Mis poemas intentan hacerla regresar en vano, y entre palabras se crea un manto de caricias que no encuentran a su dueño.

Los días poco a poco se  transforman  en primavera y el verbo que sale de mis labios en delirante poesía que sigue anhelando su nombre y a ese ligero “toc, toc” que permanece en mis oídos.

Cuadro de Vladimir Volegov

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EL HILO ROJO DEL DESTINO

 

Me enredo en tus labios y me transformo en el águila que vuela entre la realidad y la fantasía, en el alma libre que otea en el cielo sin saber si el viento volverá a girar, si volverá a  cambiar  nuestro destino, el mismo que se va tejiéndose con el paso de los días, el mismo que cambia cada vez que respiramos, el mismo que nos hizo encontrarnos  y al mismo tiempo intenta hacernos desaparecer entre cortinas de lluvia.

Me hundo en tus ojos con la esperanza de que la vida no se dé cuenta de que te amo, y que otro universo aún mayor habita entre las paredes de mi carne, otro cosmos lleno de vida, palpitante, lleno de palabras eternas, en donde el tiempo ni siquiera puede rozarnos.

Me agarro a tus brazo y me transformo en el puente capaz de soportar la ira del mar, en el barco que permanece a flote a pesar de que en el cielo se haya trazado una alianza con nubes llenas de oscuridad.

Escucho los latidos de tu corazón y mis dedos se transforman en poemas que amenazan con desbastar la tierra y crear vida de la nada.

Y mientras vamos amándonos, vamos desafiando al hilo rojo del destino, el mismo que juega con nosotros como un niño, que se empeña en atraparnos y acercarnos para luego alejarnos y volver amarnos.

ALLÍ TE ESPERO

Allí donde el sueño  sucumbe a la pasión, allí donde mis labios entreabiertos reposan como la fruta prohibida.

Allí te espero…..

Entre poemas que están aun por escribir, que descansan sobre la tierra, salvajes, ingenuos, esperando solo la acaricia de dos cuerpos que se aman.

Allí te espero…….

Cubierta por el añil extraño que permanece latente y ajeno, envuelta por el sonido de los arboles que aun no han escrito nuestro destino, y esperan ansiosos una sola  palabra que les haga rescribir nuestro camino, desviado por las fuertes ráfagas de viento que han soplado durante la tormenta.

Allí te espero……

Con mi alma desnuda sobre la hierba, y el murmullo de mi risa unida al viejo estanque de la tarde.

Allí te espero….

Sólo ven y ámame, que mañana no sabemos si el sol volverá a ondear sigiloso sobre el mismo cielo, sólo ven y dibuja conmigo este momento, que añora ser eterno y no desea morir con el olvido de los días.

 

Cuadro de Vladimir Volegov

A MEDIA LUZ

Estoy aquí ¿es qué no me ves?.

Soy ese ser que se refleja en las paredes blancas del atardecer, que va enredándose torpemente entre los muros de esta fría ciudad.

Estoy aquí, ¿es qué no me ves?.

Estoy aquí  a tu lado caminando  casi sin aliento, soñando con tus pupilas oscuras, océano profundo en donde una vez me amaste y te amé.

Estoy aquí, ¿es qué no me ves?.

Voy a la deriva, quiero parar, volver sobre mis pasos  pero la desolación  ya ha echado raíces, olvidándose de mi malherido corazón.

Estoy aquí, ¿es qué no me ves?.

Me he convertido en esa sombra oscura que baila alrededor de tu corazón sin nunca poder alcanzarlo.

Sólo mírame, mírame una vez más y vuelve conmigo a este mundo de sombras donde la realidad no existe y tú y yo nos amamos, sin reproches, sin miedos, sólo a media luz.

 

DUNAS DE ARENA NEGRA

Pequeñas gaviotas revolotean sin descanso surcando el ancho cielo, buscando quizás al aire de mis labios, el mismo aire que en antaño silbaba al viento, que estremecía al silencio con solo rozarlo, el mismo que ansiabas encontrar en cada beso, el mismo que ahora se pierde,  mientras las últimas gotas de luz se agotan en este atardecer eterno que no descansa, que se arremolina, que duele, que sobrevive añorando lo que fue y no pudo ser.

Pequeñas gaviotas revolotean altivas, buscando  un faro que las ilumine, que les permita llegar hasta tierra firme, igual que antaño, cuando mis ojos eran las estrellas de tú navío blanco.

Navío que ahora navega a la deriva, buscando quizás otra luz, otro horizonte en el que mi presencia sólo sea un fantasma en el tiempo y en donde mis lagrimas ya no signifiquen  nada, convirtiéndose así en ese poema eterno que  nadie jamás recitará.

Pequeñas gaviotas surcan el cielo con sus crespones negros, dolor girando sobre la tierra, buscando de nuevo  la tormenta que les devuelva la vida, la misma que se escabulle vigorosa  sobre la brisa  del mar.

Mar que roza mis pies con su espuma blanca haciéndome creer que tras cada día una nueva esperanza se dibuja en el cielo, que tras cada amor, tras cada decepción llega la calma.

Calma frágil, que se enreda sobre mis pies, intentando caminar sobre dunas de arena negra, hasta que el olvido desdibuje  por fin mis huellas y ya no puedas alcanzarme con tu recuerdo.

Cuadro de Vladimir Volegov

LA CARTA

Deslicé mis dedos torpes y temblorosos por aquel sobre nacarado, lo observe detenidamente, casi sin aliento, lo observe durante largo rato con el corazón encogido y el alma expectante. Sabía de dónde procedía y quien era su autor.

Desde hacía meses ansiaba aquel manuscrito, que llegaba desde el otro lado del mundo, quizás con las  palabras que necesitaba escuchar, o con un silencio perpetuo el cual no estaba preparada para asumir.

Lo admiré de nuevo, sus bordes finos, su letra redondeada, su remitente.Mi corazón latía a una velocidad inusitada.

Lo dejé sobre la mesa de madera y me di media vuelta, no podía hacerlo, no podía abrirlo, me dispuse a marcharme, pero algo me lo impidió, quizás mi curiosidad era aun más fuerte que mis miedos.

Respiré profundamente y volví sobre mis pasos, lo cogí entre mis manos y lo abrí lentamente, reconocí su letra al instante, había más de dos páginas, comencé a leer lentamente, pero no necesité leer más de dos líneas para saber que no iba a volver , dejé caer el papel  y una lagrima se deslizó sobre mi mejilla, hasta llegar a mi garganta, sentí su ardor y un dolor que no se puede describir, un dolor que te atraviesa hasta lo más profundo de tu ser, que no mata pero que te ahoga.

Respiré lentamente y salí hacia el patio exterior, me apoyé en la puerta buscando quizás un apoyo que sostuviera mis piernas y por un instante me pregunté si volvería a sonreír, si las golondrinas que volaban como si no hubiera un mañana se darían cuenta de mi presencia, de repente sentí el deseo de correr,  huir del dolor y refugiarme en algún lugar donde el desamor no fuera más que  una invención y mis lagrimas se convirtieran   en gotas de lluvia impulsadas por el viento.

Pero no hallé ni lluvia, ni viento, ni siquiera un poco de consuelo,  lo único real eran mis pies que corrían salvajes por la pradera, descalzos llenos de heridas.

En mi travesía  algo me hizo parar, tropecé y caí al suelo, casi sin aliento con mi pecho desbocado. Escuche una voz que me decía algo ilegible, que mis oídos no podían descifrar , a continuación visualice una  mano que se extendía ante mí y me ayudaba a levantarme. Entonces descubrí unos ojos que me observaban con absoluta curiosidad, su rostro no me era familiar, era un forastero quizás, sus pupilas oscuras se clavaban en las mías y sus ojos color avellana  parecían curiosos y preocupados. Observé sus labios sonrosados de los cuales comenzaron a brotar palabras nuevamente.  Me preguntaban si estaba bien, si había sufrido algún daño, pero yo seguía aturdida envuelta en mis pensamientos que me perseguían.

Yo simplemente quería seguir corriendo, no sabía hasta dónde, ni siquiera si me dirigía a un lugar concreto, notó mi impaciencia y volvió a clavarse en mis ojos, quizás buscando la respuesta que mi lengua se negaba a desvelar.

Me dijo su nombre en señal de confianza, quizás con la esperanza de que yo no me mostrase tan esquiva.

Dude por un instante pero finalmente le dije el mío y una sonrisa se dibujo en su rostro. Se ofreció acompañarme a casa, debido a la caída uno de mis pies ya no podía seguir huyendo, estaba malherido y cojeaba, así que decidí rendirme y dejar que el dolor del que huía me ahogase aunque sólo fuese por un instante, sabía que tarde o temprano desaparecía pues nadie jamás ha muerto por amor.

Charlé con aquel extraño, que me ofreció su hombro y por raro que parezca volví a reír, tras cada historia que me relataba aquel extraño una sonrisa volvía a  mi rostro, casi como un milagro.

El tiempo paso y  no sé cómo, ni en qué momento, el dolor se fugo sin más, y aquel amor, que pareció apoderarse de mi cuerpo como el más fuerte de los venenos,se evaporo, y volví a soñar…….. y la respuesta es sí, así fue como te olvidé y aprendí que nunca es tarde para volver a empezar.

 

Cuadro de Vladimir Volegov

ALMA DE MI ALMA

Tiemblo, enmudezco y aun me preguntas si es por ti, alma de mi alma, hermosa travesura que juega con la comisura de mis labios, que dibujas sonrisas en mi rostro con la inocencia de un niño y el ímpetu de un hombre.

Suave caricia, aliento desbocado, que me devuelves la vida sin saberlo, que reescribes mis días, pequeñas paginas que saborean la tinta oscura de tus ojos, templos de luz que me atrapan  en la trémula noche, que me embriagan sin saberlo, que me roban el pensamiento entre atardeceres dormidos.

Exclamo tu nombre mientras los últimos días de la primavera se diluyen para volver a nacer en otra estación, en otro lugar, donde las horas se enredan al fin con los segundos y se diluyen suavemente mientras tú me amas como si jamás fuese amanecer, como si el tiempo no fuera más que una invención humana que atraviesa el mundo.